"Le alcanzó el té y vio que las manos le temblaban demasiado, tanto que la taza estuvo a punto de caer y un poco de líquido ambarino se derramó en el plato.
Pero no hizo ningún comentario, ya me vas a decir lo que te sucede y si no me decis nada no importa mi querido, lo único que importa es que estés aquí, que volviste, que venís siempre dulce muchachito dulce compañía, que por ahora te tengo y ojalá que ahora dure siempre, años, siglos, milenios; pobre de mi puta enamorada de marineros ingleses, y de pibes provincianos; ya sé que ahora es nada más que ahora, ahora es nada más que este momentito chiquitito pequeñito en que te llevás la taza de té a la boca, ahora es este momentito chiquitito pequeñito en que me siento a tu lado en el borde de la cama, ahora es este momentito chiquitito pequeñito que dejará de ser ahora en cualquier momentito chiquitito pequeñito, porque ahora es nada más que ahora; ahora no es el mes pasado cuando te conocí en el Palacio de las Flores y te levanté y nos acostamos juntos por primera vez y no te cobré porque cómo le voy a cobrar a un angel, a quién se le ocurre los ángeles no tienen plata; ahora no es la semana pasada cuando fuiste a esperarme y charlamos en la plaza que parece una iglesia; ahora no es el jueves pasado cuando me acompañaste a la clínica para que empezara el tratamiento contra esta pudrición inmunda que se me va a pasar por vos; ahora es ahora y todos los ahora de antes se juntan en este ahora de ahora; ahora es siempre pero también es nunca; tomá tu té tranquilo; no te preocupes, no te aflijas; no tengas miedo..."
Eduardo Gudiño Kieffer.-
domingo, 6 de mayo de 2007
Será por eso que la quiero tanto...
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